viernes, 6 de mayo de 2011

Qué hacer con los criminales execrables...



Se está hablando mucho ahora de si la eliminación de Bin Laden está o no justificada legal o éticamente. Un poco de historia no vendrá mal para analizar debidamente la cuestión.

Que el llamado -por sus seguidores- emir de Al Qaeda, consiguió a pulso ocupar un lugar privilegiado entre las personas más aborrecibles de la humanidad, no es ningún descubrimiento. Parece que se le atribuye la cifra de ocho mil muertes, causadas por orden suya.

Pero la vorágine actual hace que sólo se piense en términos de presente, sin ver que en el pasado ya hubo criminales tan execrables o más que éste. ¿Quién? Pues de entrada cualquiera de los altos cargos nazis juzgados en Nuremberg en 1945-46, de los cuales una veintena fueron condedenados a muerte, más otros tantos a cadena perpetua o penas altas de prisión. Todos ellos hicieron méritos mayores que el santo jeque guerrero -como también le han llamado los suyos-, ya que por orden suya o compartida con otros, fueron responsables no de cientos de miles de muertes, sino millones. Personas como el mariscal Göring, como Hans Frank (gobernador general de la Polonia ocupada), el mariscal Wilhelm Keitel, Alfred Rosenberg (ideólogo del racismo y ministro de los territorios ocupados del Este), o Ernest Kaltenbruner (máximo jefe de la Gestapo y sucesor de Heydrich) fueron responsables, junto con otros fallecidos por su propia mano (Goebbels y Himmler, sobre todo), del diseño y ejecución de la "solución final".

Sin embargo ¿qué pasó? Pues la Historia enseña --últimamente enseña poco, o pocos dan muestras de aprender algo con ella, pero antes sí que pasaba--, enseña, digo, que en los últimos días de la II Guerra Mundial estos jerarcas nazis fueron hechos prisioneros por unidades de los ejércitos aliados, casi siempre norteamericanos o británicos. Y ocurrido esto, fueron sometidos a diferentes juicios que duraron varios meses, el principal de todos ellos desde Noviembre de 1945 a Octubre de 1946. En éste, prestó declaración como testigo de cargo el republicano catalán Francisco Boix, que tras exiliarse después de la Guerra Civil y alistarse en el ejército francés, fue finalmente hecho prisionero y enviado al campo de concentración de Mauthausen en 1941 junto con varios miles de españoles más, donde permaneció hasta su liberación en Abril de 1945. Boix, fotógrafo de profesión, se las ingenió para trabajar como tal en Mauthausen y, luego, fue un testigo privilegiado que aportó, además de su declaración, fotografías de las actividades y visitas al campo de Himmler, Speer y Kaltenbrunner, identificando y señalando a los dos últimos en el juicio. Speer fue condenado a 20 años de prisión y Kaltenbrunner a muerte por ahorcamiento.

No se recuerda que hubiera en su momento voces en contra de que se los jerarcas nazis fueran hechos prisioneros y sometidos a juicio, un juicio con todas las garantías, que no fue precedido de ningún acto sospechoso de tortura como el famoso waterboarding. Ni tampoco, en el momento de ser hechos prisioneros, fueron disparados por comandos especiales sino que se respetaron sus vidas hasta ser juzgados con todas las garantías y con pruebas legítimamente obtenidas, y tras ello, en algunos casos, fueron absueltos.

Se dirá en cuanto a cómo fueron hechos prisioneros que fuerzas ocupantes y jerarcas nazis estaban en una situación particular, cual era la ocupación militar de finales de la II Guerra Mundial, facilitando la detención y arresto. Pero nadie objetó nada, antes al contrario, a que no fueran sometidos a juicio, a un juicio ejemplarizante, donde pudieron defenderse libremente y en donde, repito, algunos fueron absueltos por falta de pruebas. Y, en cualquier caso, qué decir de Adolf Eichmann, que fue quien acuñó el eufemístico término "la Solución final" adoptado por Göring en su carta-orden a Heydrich, y al que se le encomendó la máxima responsabilidad de las deportaciones de judíos a los campos de concentración para su exterminio. 

Eichmann consiguió escapar de Alemania encontrando refugio en Argentina en 1950. En 1960 fue detectada su presencia por el Mossad en Buenos Aires, siendo autorizada poco después una operación ese mismo año por el Gobierno del Estado de Israel, que envió un comando a capturarle para llevarle de regreso al estado hebreo, donde sería juzgado, como así ocurrió, sin que el comando del Mossad le causara daño alguno en la operación. Antes al contrario, en los 9 días que lo tuvieron retenido en Buenos Aires, los integrantes del comando israelí sufrieron un auténtico dilema moral por tener que cuidar  y atender a quien había sido uno de los máximos responsables del asesinato de algunos de sus familiares directos, cuando lo que les apetecía era justo lo contrario: liquidarlo sin contemplaciones.

Argentina protestó ante Israel, y hasta solicitó la "restitución de Eichmann en el plazo de una semana" así como el castigo de los miembros del comando. Y ante la desatención de la queja, solicitó ante la ONU la reprobación de Israel por la violación de su soberanía nacional. Por fin, el 22 de Junio de 1960, Naciones Unidas emitió una resolución de condena de Israel, como le había solicitado Argentina.

El juicio contra Eichmann empezó en Abril de 1961 y, tras un largo proceso donde declararon cientos de testigos y hasta un total de seis psiquiatras que coincidieron en calificarlo como una "persona normal", se le consideró culpable y fue condenado a muerte. 

Eichmann fue ejecutado en  Mayo de 1962 , incinerado y  se ordenó esparcir sus cenizas por el Mediterráneo, fuera de las aguas jurisdiccionales israelíes y en presencia de varios testigos que habían sido supervivientes del Holocausto. Se hizo así -se dijo- para evitar que su tumba fuera centro de periegrinación de sus partidarios.

Si lo contado hasta ahora lo comparamos con lo recién ocurrido, vemos que apenas hay ningún parecido. No, Pakistán no ha protestado ante USA, ni va a solicitar su condena ante las Naciones Unidas. Ni tampoco el Consejo de Seguridad de la ONU va a emitir una resolución en ese sentido.

 ¿Tanto importaba la legalidad internacional en el Siglo XX y tan poco importa ahora? ¿Había más sentido común, mayor humanidad entonces que ahora en nuestro civilizado Siglo XXI? No se me ocurren más que respuestas negativas, que generan a su vez como explicación alternativa a todo este episodio que hemos vivido, la de que, quien puede aplicar la Ley del Talión por el daño sufrido por sus propios nacionales lo hace ahora y lo hacía antes, sin respetar nada ni reparar en medios ni en métodos y sin escrúpulos de ninguna clase que quedan, eso sí, para los demás. Es lo que pasa con los imperios. Pero lo peor de todo son los que tienen mentalidad de esclavo y alaban al César y al imperio que así actúa.

1 comentario:

  1. Hola Julio,

    Comparto completamente tu reflexión. Parece mentira que reclamar los principios de separación de poderes del Estado de Derecho sea, hoy por hoy, casi subversivo.

    Felicitaciones por este artículo!

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