sábado, 16 de octubre de 2010

La Señora ésa


Me había negado a escribir sobre este tema. Pero es que ya no puedo más. No lo aguanto. Es insoportable, y creo que me hará  bien desahogarme… Veamos: antaño, el protagonismo social estaba reservado para quienes destacaban en la comunidad para bien de todos (no sólo para sí mismos), ya fuera en el ámbito de la ciencia o en la milicia, en las artes y por supuesto también en la ayuda a los demás. Esto lleva siendo así milenios, que no siglos. Julio César, Miguel Angel, Bach, Dostoyevski, Vicente Ferrer… y muchos más han escrito las más brillantes páginas de la humanidad. Tanto tiempo llevaba esto siendo así (insisto: milenios), que ahora nos sorprende a algunos que algo tan básico y tan sólidamente asentado haya podido cambiar. Como si un Dostoyevski se improvisara o no tuviera valor, si ahora preguntáramos a cien personas elegidas al azar que quién es el escritor ruso y quién cierta señora enferma de narcisismo, que recientemente se ha operado la nariz, que está todo el tiempo en televisión anunciando sus divorcios y sus reconciliaciones, seguro que muchos desconocerían al primero pero ninguno a la segunda…
Alguien dejó que lo chabacano, que había estado proscrito, adquiriese una relevancia social a todas luces inmerecida. Porque “chabacano” significa eso precisamente: “de mal gusto”. Y mal puede tener reconocimiento social lo que es de mal gusto, por ser conceptos antagónicos. No sé quién descubrió o puso en marcha el otorgarle reconocimiento social a lo vulgar, pero sí sé que flaco favor le hizo a la Humanidad. No me vale señalar a los gladiadores de la antigua Roma, porque ésos se jugaban la vida, y sus hipotéticos y televisivos equivalentes actuales son cobardes por naturaleza. Por tanto, quien quiera que fuese, desde luego no figurará en la misma lista que Alejandro Magno, Da Vinci, Wagner, Flaubert o Teresa de Calcuta. Pero ha habido tantos reinventores de ese engendro social (concederle mérito a lo chabacano y al morbo para después  publicitarlo) como ahora hay una auténtica legión de mindundis televisivos de pago que lo ejecutan con singular maestría y enorme rentabilidad económica para sí mismos. En este contexto, un país que vive entregado a si tal o cual señora se opera la nariz, forzosamente fracasará en su modelo educativo y productivo, y mal podrá dar al mundo –por ejemplo-- muchos premios Nobel de Medicina o de lo que sea. No en balde en toda nuestra historia hemos tenido sólo 7 para un total de 46 millones de habitantes, por –asimismo por ejemplo- 170 premios Nobel la comunidad judía (más del 20% del total mundial de premios) con una población repartida por el mundo de tan sólo 13 millones. Es decir, que por cada español a quien se le concede el Premio Nobel, tenemos a más de 85 judíos a quienes se lo otorgan. Es para pensar, no cabe duda, si la gran abundancia de premios Nobel obtenidos por judíos  radica en la predisposición y actitud de querer acceder a la cultura, no los menos sino la mayoría; si radica en la postura frente al conocimiento, al ansia de saber y progresar. Tras su persecución secular por parte de casi todos los pueblos, el acceso a los más altos niveles en la educación y la cultura pudo y puede tener como motivo el afán de revancha, el ansia de superación, de cultivarse, de competir y de sobrevivir. Sólo así se explica que nos los encontremos en todos los ámbitos de la cultura y ciencia humanas: Freud, Einstein, Marx (Karl y Groucho), Bohr, Kafka, Mahler, Woody Allen, Baremboim, Rubinstein, Zimmerman, Spielberg, Klemperer…
Vivimos en un país cultural y educacionalmente enfermo, que ha sido perseguidor, no perseguido. Que está situado entre el Mediterráneo y el Atlántico, en una de las zonas climáticamente más suaves  y dulces del planeta, donde todo es más fácil que en el resto del Mundo. ¿Por qué habríamos de preocuparnos, cada cual en la medida de sus posibilidades, por ganarnos ese reconocimiento social con esfuerzo, si quien ya ganaba cuatro veces más que el presidente del gobierno ha aumentado su caché con sólo operarse la nariz? “Lo que hay que hacer, es intentar vivir del cuento…”. Ése es el mensaje que reciben nuestros jóvenes, a los que pedimos que estudien y se hagan adultos de provecho, con muy poco éxito por cierto.
Sí, la Comunidad judía no tiene una “Reina de San Blas”. Algunos dirán: “Que se fastidien, por muermos”. Mientras tanto no sería raro ver a la señora ésa cualquier día  con un pañuelo palestino al cuello o algo similar. Pero cobrando, claro; porque, como parecen ignorar algunos de sus seguidores, ella, tonta del todo, no es.  

viernes, 15 de octubre de 2010

El tranvía de marras...



Soy muy poco original, lo confieso. Quizá por peinar canas desde hace ya algunos años, me encuentro entre esa gran mayoría que tiene predilección por la tranquilidad, y que sólo soporta que ésta se vea perturbada por una buena causa; por ejemplo, sí por el sonido estruendoso de una ambulancia de madrugada en un servicio de emergencia, pero no por el ejercicio no menos estruendoso y extemporáneo de “El Botellón”. Este apego por la tranquilidad es seguramente uno de los sentimientos más generalizados que conozco. Sin embargo, por alguna razón, nuestras administraciones más próximas tienden a obviarla en cuanto tienen ocasión. De hecho creo que a menudo los munícipes se ven a sí mismos como “promotores amateur” por un tiempo, y emprenden una carrera loca por construir lo que sea, con tal de que moleste. Si molesta mucho, mejor, porque entonces la obra será mayor y –en su cabeza- más meritoria. Léase: el tranvía de marras.

Por algún motivo, no sólo poco claro sino hasta bastante oscuro (aunque otros dirían que más claro de la cuenta), los munícipes de varias ciudades se han lanzado a la piscina con el fin de hacernos –según ellos- la vida más fácil con ese medio de transporte cuidando a la vez del medio ambiente… Bueno, que la que hay montada ahora en Jaén sea para hacernos la vida más agradable es discutible. Sobre todo porque el que tanta “bondad” tenga que pasar por el sufrimiento crónico que provocan las obras para su instalación, no tiene perdón.

Debería reformarse la legislación de régimen local, de modo que sólo se permitiera realizar estas obras de envergadura, si previamente se contara con el visto bueno de un porcentaje apreciable de los vecinos afectados. No digo el 50% por permitir cierto margen a la renovación, pero sí algo similar. Con ello se evitaría, aparte de un gasto innecesario (existen ya unos autobuses eléctricos francamente buenos), el insoportable ruidazo de las obras, las calles cortadas, el tener que cruzar de un lado a otro por sitios inverosímiles jugándose el tipo, y mantendríamos por el contrario el acceso a las comodidades de la ciudad que antes teníamos y que, por algún motivo, se empeñan en sabotearnos cada vez que nos colocan una “gran obra” por pura vanidad de político de tercera. Al menos los de antes, como el Senador Lucio Catilina, enfrentado a Cicerón y a Catón en el Siglo I A.C., tenían la gallardía de jugarse su suerte no sólo en la arena política sino también en el campo de batalla, y perderla. Los de ahora… ¡Ah, los de ahora…! Los de ahora sólo pierden el bastón de la alcaldía y unos sesenta mil euros al año. Pero siguen con aspiraciones de enredar y volver a ser “promotores amateur” para jugar a los faraones o al Monopoly. Dicen que por nuestro bien, eso sí. Unos desagradecidos y unos quejicas, es lo que somos…

sábado, 9 de octubre de 2010

La Maestra...


Hace poco me contaba en el despacho una maestra de educación infantil, un incidente que tuvo con el padre de uno de sus alumnos, de cinco años (el padre, no el niño, aunque creo que son de edad mental parecida). Al parecer el progenitor de este chiquillo amenazó con denunciarla porque un día lo recogió del colegio y notó que tenía un poco de sangre seca en la nariz. Eso –dedujo él- era el resultado de una agresión causada por otro niño, habiendo ocurrido todo bajo la supervisión de la maestra. Pero ni él vio la agresión, ni ésta se produjo, ni nada por el estilo: la sangre probablemente se provocó en un lance de juego infantil, mientras que la agresión fue una creación de su mente. Pero no contento, llegó más lejos: le habló a voces a la profesora delante del director y, lo que es peor, delante de su propio hijo, que días después en clase estuvo desafiante con la maestra. “Seguro que es hijo único”, le dije. Me contestó afirmativamente, extrañada de que acertara, y añadió que días después el director conminó al padre a pedirle disculpas a la maestra delante del hijo,  lo que así ocurrió, volviendo las aguas a su cauce. Me dio no poco que pensar el suceso en cuestión. Había oído, y tenía entendido, que la situación en los institutos se había vuelto muy difícil en algunos casos, y prueba de ello han sido ciertos sucesos ocurridos en un instituto de Toledo, donde cuatro alumnos de 17 años amenazaron a su profesora con violarla y matarla.
Antaño el profesor estaba sólo un escalón más abajo que Dios, Alá y Yahvé. Por algún extraño motivo, en alguna parte y en algún momento, se produjo un giro de 180º y pasó a ser un siervo al que se le hace responsable de la crianza de los hijos, y pobre de él como lo haga mal o no tan bien como deseamos nosotros. ¿Qué ocurrió? Es difícil decirlo. Sobre todo porque hay muchos factores, y ni pretendo ni podría abordarlos todos. Pero los docentes (los que enseñan en las aulas) dicen que perdieron la batalla ante la autoridad educativa con los pedagogos (los que diseñan desde fuera de las aulas lo que ha de enseñarse y cómo en ellas), y que éstos y los psicólogos promovieron un igualitarismo en las clases que fue cercenando toda idea de control y de disciplina mínimas.
Antes la figura del docente era prácticamente sagrada, estaba llena de reconocimiento social como ninguna otra, y eso cambió, aunque sigue así en países como Finlandia, a la cabeza en el ranking educativo. Como cambió el que surgiera una nueva estirpe de profesionales de la educación que diseñaban lo que aquellos tenían que hacer en las aulas. Pronto surgieron discrepancias y encontronazos, pero los segundos le ganaron la batalla a los primeros. No es raro que esto ocurriera así, porque los padres de los niños y jóvenes que fracasan hoy día pertenecen a la última generación que soportó cierta disciplina tanto en las aulas como en las casas. Vamos, que tales padres no salían los viernes a las 11 ó 12 de la noche, después de cenar, para regresar tras tomarse los churros –como tan frecuentemente pasa en la actualidad con jóvenes y adolescentes-, sino que a esa hora solían volver a sus domicilios. Tampoco esos padres cuando eran alumnos tuteaban a los profesores y, en caso de algún acto de indisciplina, se encontraban expulsados durante la hora de clase con toda normalidad más el añadido “Y dile a tus padres que vengan a hablar conmigo…”, lo que solía provocar entonces una honda preocupación en los chavales de esa época, frente a la indiferencia con la que lo escuchan los de ahora.
Algunos soportan tan poca carga de frustración que abrazaron las tesis de tales pedagogos promotores del igualitarismo en las aulas, el cual  ha demostrado ser absolutamente perverso. Porque si se predica que el profesor es igual al alumno y el alumno –el hijo de cualquiera-- podemos decir que es inferior a su padre porque éste tiene potestad sobre él, el silogismo paterno acaba con la conclusión: “Yo soy superior al profesor”… De ahí, a la pérdida del respeto por los docentes, a que cayeran en picado en la consideración social hasta haber ocurrido amenazas y hasta agresiones a los profesores también por parte de algunos padres, sólo hay un paso… Pero hay más: la perversión se manifiesta también en sentido contrario; de este modo, recibiendo el alumno el mensaje de ser “igual” al profesor, como quiera que sus padres y éste suelen ser de la misma edad y supuestamente están revestidos de la misma autoridad social para ellos, el niño, que ya hemos dicho que es igual a su educador según esas tesis, automáticamente se equipara también a sus progenitores. Y claro, ya tenemos trasladado el problema a casa… A ver quién les controla entonces…
Si a esto le añadimos cierta deshumanización generalizada de la vida actual, que hace que muchos hayan abandonado la lectura y otras formas de cultura para distraerse con programas “soma” (en terminología de Aldous Huxley) que no les hacen pensar lo más mínimo y sí que satisfacen algunas de sus pasiones menos recomendables, encontraremos el caldo de cultivo adecuado para explicar situaciones como la vivida por esa maestra, y otras por desgracia mucho más graves.
Tales pedagogos (o “super-pedagogos”, que son a los que me refiero y no a los que ejercen la pedagogía en nuestros colegios), parece que en su juventud no vieron filmes como “Rebelión en las Aulas” (1967) protagonizado por Sidney Poitier, donde se reflejaba ante todo el fracaso del sistema docente anglosajón. Sistema que ellos se apresuraron a copiar para nuestro país, sustituyéndolo por el francés, dándose lugar a una estrepitosa bajada del nivel educativo y a escenas poco recomendables, como la plasmada en cierta foto que se hicieron unas muchachas y sus padres nada menos que con Obama y su santa, en la que las chicas parecían salidas de la “noche de Halloween”.
Ahora ha habido otro repunte de ese sistema educativo anglosajón que nos empeñamos en imitar; lo recoge el Diario Público con el siguiente titular: “Buzz Lightyear fue el primero en llegar a la Luna”, según se ha constatado que creen un buen número de escolares británicos. La noticia se comenta sola…
En este mismo sentido, alguna opinión hemos leído sobre la bondad de la entrega de ordenadores a los niños de los últimos cursos de primaria. No puedo estar más en desacuerdo. Eso sirve únicamente para remachar que los jóvenes no sepan buscar una palabra en un diccionario-libro y se vuelvan más dependientes de la informática y la electrónica, abandonando ya toda posibilidad de recuperar el hábito de la lectura, que en poco tiempo quedará constreñida a la de libro electrónico. Y eso, con suerte. Ah, y pobre de aquél que contradiga la visión políticamente correcta de estos super-pedagogos, pues ya saldrá a la palestra el profesional de turno para recordarle al padre discutidor que hasta no  hace mucho había suicidios infantiles por el fracaso escolar, lo cual impacta muchísimo en los progenitores… Pero si se les pregunta a estos mismos pedagogos, poco acostumbrados a que se pongan en entredicho sus conclusiones, por los porcentajes en que el fracaso escolar era consecuencia de algún trastorno depresivo, auditivo o del lenguaje inestudiados en aquella época, se extrañan y se encogen de hombros. Y no digamos si se les inquiere, por ejemplo, por cómo explican ellos que hubiera menos suicidios infantiles en el año 1976 (1’02 por cada 100.000 mayores de 12 y menores de 20 años, según el INE) que en el año 1987 y en los años siguientes (el 4’78 por 100.000 en la misma franja de edad, también según el INE), cuando está fuera de toda duda que el sistema educativo y los usos familiares de la segunda época eran más blandos y menos exigentes que los de la primera. No saben y no contestan. Bueno sí, lanzan balones fuera. Dicen –de repente- que ése es un tema muy complejo, etc., etc., o introducen el tema de que los niños ahora están más abandonados en casa por el trabajo de los padres fuera del hogar. O sea, cambian de tema para no dejar de llevar el agua a su molino, que es como decir para no dejar de llevar razón, cosa que les importa mucho por algún problema de autoestima que tienen de forma más o menos generalizada.
La pregunta, entonces, es: ¿Se puede hacer algo a corto plazo para cambiar esto? Me temo que no. A medio o largo plazo cambiará por sí mismo, por la propia necesidad que tiene la sociedad de que sus miembros contribuyan con algo positivo evitando el parasitismo; o bien por simple movimiento pendular, pues a un periodo de laxitud le sucederá otro de mayor rigor. Pero por ahora, de momento, no. Nos quedan aún unos años de seguir haciéndoles la vida fácil a los menores; bajarles aún más el nivel educativo y permitirles pasar de curso con más suspensos y menos esfuerzo, digan los Informes PISA lo que quieran. Mimarlos más, en definitiva, sin nada a cambio, en un mundo excesivamente lúdico. La solución pasará, a la fuerza, por ese movimiento pendular, más o menos traumático, que tendrá que producirse para sostener los hitos mínimos de la sociedad actual.
Mientras tanto, como dice ese artículo, Buzz Lightyear seguirá siendo el primer hombre que puso el pie en la Luna; Newton descubrió el fuego; Einstein será el hermano de Frankestein, y el planeta más alejado de la Tierra será la “Estrella de la Muerte” de Dark Vader, por supuesto… Es para pensar que lo que de verdad tenemos por modelo educativo es poco menos que una fábrica de ignorantes.





























viernes, 8 de octubre de 2010

Botines y Ratos


              La que faltaba para el duro, o para el euro. Tocar lo intocable: el asalto a las pensiones. Sí, ya sé. No es para ahora sino para el 2025 o más tarde, salvo que cambien de opinión, pero ya la vaca sagrada de las pensiones ha dejado de ser sagrada… Vale que se veía venir, que había que ir haciendo algo, que otros países de Europa han tomado las mismas medidas con idéntica o parecida antelación a la nuestra. Pero no por eso se esfuma la desazón… Estábamos acostumbrados a que los salarios subían siempre, como los precios, hasta que llegó el Decretazo último; a que la jornada laboral se iba reduciendo progresivamente, a más y más logros sociales y laborales… Y de repente, ¡Zás! Vuelta atrás… ¿Fastidia, eh? Sobre todo porque ya pensamos: ¿Qué será lo siguiente?
            Ya se ha dicho un poco de todo: que debería matizarse la medida según las profesiones o el estado de salud del trabajador, pues en algunos casos el retraso en la edad de jubilación agrava una situación previa difícilmente soportable, caso de las actividades más duras como la construcción; que sin embargo como norma es lógico el retraso en el acceso a la jubilación pues la esperanza de vida es mayor; que hay menos población activa para mantener el sistema actual y futuro de pensiones por el descenso de la natalidad; que alargando la edad de jubilación hacemos un flaco servicio a los jóvenes que no encuentran su primer empleo, etc., etc. Todo ello es cierto…
Yo quiero llamar la atención sobre dos hechos. Uno, la dilapidación de recursos públicos que ha habido en burbujas inmobiliarias y financieras, dando lugar a lo que tenemos y a medidas como ésta. Quiero que paguen.  Sí, seré un ingenuo. Pero quiero que paguen los responsables: Botines y Ratos. Porque, si no pagan, ¿a cuento de qué se va a tolerar por todo el mundo la pérdida de tan importante expectativa como era la jubilación a los 65 años? ¿Porque sí? ¿Porque siempre toca pagar a los mismos y para un Madoff que cogen hay cien mil Garcías y Martínez que pagan el pato? ¿Porque no se puede prescindir de Botines y Ratos, como no se puede prescindir de los controladores aéreos y por tanto hay que aguantarse? No parece lógico, o por lo menos no es justo. Y lo injusto se tolera mal por la mayoría…
Dos: esto no va a acabar aquí. No puede acabar aquí, por desgracia. Para que una persona pueda cobrar su pensión de jubilación o de invalidez, tienen que trabajar 3 ó 4, los cuales con sus cotizaciones cubren esas pensiones así como las propias prestaciones que ellos mismos generen (sobre todo, asistencia sanitaria, incapacidad temporal y desempleo). En otras palabras, tendría que aumentar el número de potenciales cotizantes, por diversas vías: natalidad, emigración, etc…  Esto último, facilitar la emigración, se restringe por parte de todos los países en estos tiempos que corren; y en cuanto a lo primero, no es solución inmediata y tampoco hay buenos visos para que cambie esa trayectoria demográfica.  Ahora en la familia media trabajan el padre y la madre (o lo desean, o lo intentan), lo que conlleva reducir el número de hijos a uno o máximo dos. En nuestro ejemplo, estos dos hijos tendrían que pagar en el futuro las pensiones a sus padres. Bueno, estos dos hijos y otros dos hijos cualesquiera más, según contamos. Pero socialmente va a ser complicado que esto ocurra por la baja natalidad, ya digo (1’5 hijos por mujer). En su lugar habrá que producir más por menos dinero, como pide el Nobel de economía Paul Krugman. Y lo único que se le va a ocurrir a quienes mandan, más tarde o más temprano, es ampliar la jornada laboral a 42 ó 45 horas manteniendo los mismos salarios, para así poder competir además con los países emergentes, sobre todo los llamados “BRIC” (o sea, Brasil, Rusia, India y China) más otros como Corea del Sur, Hong-Kong, Sudáfrica, Israel, Singapur...
Sospecho que esto, la subida de la jornada laboral, será lo siguiente que afronten los García y los Martínez; si no, al tiempo. Mientras, uno de los miembros del clan de los Botines y los Ratos, su colega del BBVA Francisco González, se jubilará tras 14 años en el banco con una pensión de más de 79’7 millones de euros, cantidad mareante con la que se pagaría una pensión anual digna, de 20.000 € netos por ejemplo, a unos 4.000 pensionistas. Es para pensar qué país tenemos y, sobre todo, qué país queremos…

jueves, 7 de octubre de 2010

Las SICAVs


En esta época que vivimos donde la pretensión principal de los poderes públicos radica en reducir como sea el dichoso déficit, resulta llamativa la unidireccionalidad de las medidas económicas tomadas, sólo en cuanto a reducción del gasto se refiere, pero no en cuanto al aumento de los ingresos, sobre todo si éstos vienen de las grandes fortunas de nuestro país. Que hay que contener el gasto está razonablemente justificado; pero que no haya que aumentar los ingresos, no lo está, ya que cuando un barco se está hundiendo porque tiene varias vías de agua, no basta con atajar una para evitar la zozobra. O se taponan todas, o seguirá entrando el agua.

Mucho se ha hablado y se está hablando de las SICAVs, o sea de las sociedades de inversión colectiva de activos variables, un nombre –como otros muchos- constituido sólo por una palabra tras otra que hacen un conjunto sin un significado claro, o mejor dicho pretendidamente oscuro. Diríase que sólo por el nombre que se les dio, existía de origen un interés en crear algo que fuera inescrutable y opaco. 

Básicamente las SICAVs son sociedades mercantiles pero que no pretenden ejercer una actividad empresarial ni crear bienes o servicios (como pudiera ser  telefonía, metalurgia, automoción, energía, hostelería...), para después entrar en competencia con otras empresas del sector y vender aquello que producen, no. Las SICAVs no crean nada, no producen nada; no tienen trabajadores, nada… Son la quintaesencia del capitalismo. Sólo utilizan ciertos despachos externos  de abogados y economistas, como gestores de sus inversiones. Las SICAVs son sólo sociedades de inversión, sociedades de dinero, que tienen como fin invertirlo en unos lugares u otros para obtener la mayor rentabilidad posible, o sea, más dinero. 

Hace no demasiado tiempo, sólo algunas semanas, un sábado concretamente, estaba yo leyendo con más calma de la habitual un diario de difusión nacional, y me encontré con que había unos anuncios de éstos que, al igual que las esquelas, nunca leemos sino que pasamos de largo…; pero mis ojos repararon en una palabra: SNOOPY. "No, Snoopy no podía haber fallecido", me dije a mí  mismo…  Así que me picó la curiosidad, fijé la mirada y comprobé para mi sorpresa que se trataba de un anuncio para celebrar una junta ordinaria de la mercantil “SNOOPY Inversiones SICAV, S.A.”. “Un nombre curioso para una empresa de éstas”, pensé. 

Había otros tres anuncios en las dos páginas abiertas que tenía ante mí, pero ninguna SICAV más tenía un nombre tan pintoresco. Sí que ví que tanto SNOOPY como dos SICAVs más, iban a celebrar su reunión anual el mismo día, a la misma hora y en el mismo lugar, lo cual era anunciado así por la señora secretaria del Consejo –la misma- de esas tres SICAVs, que –digo yo- deberá tener el don de la multiubicuidad… O eso, o las Juntas ordinarias de las SICAVs, por mucho dinero que muevan, son tan falsas como la mayor parte de las que se celebran en las restantes sociedades mercantiles (SAs y SLs principalmente).

Como seguía picado por la curiosidad, a renglón seguido  y mientras me tomaba el café de la sobremesa, busqué si había SICAVs con nombres semejantes, como “MAFALDA Sicav” o “MORTADELO Y FILEMÓN de inversiones Sicav”, o incluso “BOND, JAMES BOND, Sicav”… Pero no hubo suerte. Aunque sí que encontré, y quien no me crea que lo compruebe en Google, otras con nombrecitos tales como “CHIMBO Sicav” (“chimbo” se utiliza en Sudamérica para decir “cutre” o “chungo”), o “CHICHAINVERSIONES Sicav” –qué me dicen…--; también “HOLGAZÁN Sicav” –muy apropiada, ésta--, “PITANGO Sicav” –a éstos les gustará el riesgo, digo yo--, o “PEPI FINANZAS Sicav”,  que denotan la seriedad de sus accionistas y administradores, o bien su deseo de tomar el pelo al conjunto de una sociedad que lo está pasando mal y que no está para tonterías de éstas.

Aunque a algunos no nos guste eso de sociedades de inversión o de dinero, que no generan absolutamente nada sino más dinero para sus socios, menos nos agrada que, a diferencia de las sociedades normales (es decir, las que producen algún bien o servicio como los indicados), tributen por un mísero 1% evitando el tipo del impuesto natural: el de sociedades, que tiene el tipo básico en el 30%...

¿Por qué este trato de favor? Se nos dice  desde la cúpula del Ministerio de Economía y Hacienda, que mejor eso que nada, pero el entreguismo que late en ese comentario enerva a cualquiera.  Además, no todos piensan igual: a finales de 2009 el Gobierno Vasco dispuso que las SICAVs con domicilio fiscal en su comunidad autónoma, tributarían al 28%, y pese a que algunas ya se han marchado del País Vasco -instalándose sobre todo en Madrid-, lo cierto es que urge una reforma fiscal del marco tributario de estas sociedades. Si no, y como ya dicen sus propios nombrecitos, seguirán tomándonos el pelo delante de nuestra cara... O sea, e intentando formar un puzzle, seguiremos pasándolo "chungo" porque algunos holgazanes como la tal "Pepi" se han propuesto conseguir "chicha" con toda clase de inversiones hasta que nos dé el "pitango"...

miércoles, 6 de octubre de 2010

Justicia y Proporcionalidad



Decían los romanos, que de esto sabían mucho en su época, que la Justicia consiste en dar a cada uno lo suyo. ¿Qué fácil, no? Pero… ¿Qué es lo suyo? Pues ya se verá: a uno, 20 años de condena por causarle la muerte a alguien; a otro, restablecerlo en la posesión de su piso alquilado por no percibir la renta durante meses; a otro más, su pensión de invalidez denegada por la Seguridad Social; a otro su divorcio y consiguiente liberación de su pareja…, etc.  Según. Los ejemplos son infinitos. Pero fácilmente se comprende que, implícita en esa idea de dar a cada uno lo suyo, está siempre incluida la proporcionalidad. O sea, darle la razón o quitársela, sí; pero dentro de unos límites lógicos. Y así, al que roba una moto, no se le pueden echar 20 años de condena, pero sí al que asesina a otro. O al que no paga la renta del piso, se le lanza de él y tiene que indemnizar los gastos y daños, pero no se le envía a galeras. Etc., etc. Bien, ideas tan claras como éstas son de sentido común. No hace falta estudiar una carrera universitaria, ni menos aún preparar unas oposiciones para aplicarlo en la práctica cotidiana. Sin embargo, a diario hay ejemplos que se saltan este binomio Justicia/Proporcionalidad.
Me acuerdo que a los padres de un niño de Sevilla les indemnizaron por Sentencia (de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Sevilla) con 100.000 € por habérsele causado lesiones severas en el parto al no practicársele una cesárea a tiempo. Sí, el niño tiene una parálisis cerebral de por vida, y va en un carrito ortopédico; no habla, no anda, no controla esfínteres, sufre crisis epilépticas, un fortísimo retraso psicomotor... Pero eso “vale” sólo 100.000 €… para ese Tribunal, que es lo que se van a gastar los padres en medicinas, pañales y tratamientos para el resto de la vida del niño. Si acaso podrán adaptar la vivienda o comprarse un vehículo también adaptado a las necesidades del niño. Ya está.
Una cifra parecida (120.000 €) es la reparación que otra Sentencia judicial (de la Audiencia Provincial de Madrid) impuso a cierta cadena televisiva por “mancillar” el  honor de cierto expresidente del Gobierno respecto del cual dijo en un programa que se iba a separar…   Bueno no, porque a su santa la referida sentencia judicial le concedió otros 120.000 € por idéntico motivo. Es decir, 240.000 € en total para el matrimonio; dicho de otro modo, como 2'5 niños y medio con parálisis cerebral para el tribunal sevillano.  (Cualquiera diría que dónde hay que apuntarse para que tal cadena televisiva diga de uno que va a separarse…)
Resoluciones judiciales ridículas hay muchas, no sólo las dos aludidas. Está también la del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que impuso una sanción de 150 € a una jueza de Barcelona que conducía borracha y que, cuando fue detenida por los mossos d’Esquadra al querer practicarle éstos la prueba de alcoholemia se negó y se marchó apelando a su condición de magistrada, amenazándoles incluso (si usted o yo hacemos eso, nos ponen a picar piedra…). Y ya por nuestras tierras, tenemos la del Juzgado de lo Penal nº 3 de Jaén que condenó a un muchacho de La Carolina por defender a una chica de los insultos y amenazas de su novio, al estilo Jesús Neira; o la de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial que a un joven discapacitado de Andújar con un 74% de minusvalía le ha concedido 9.000 € de indemnización por haber sufrido una brutal agresión sexual (eso sí, su agresor ha sido condenado además a 6 años de prisión). No quiero ni imaginarme a lo que condenarían a quien osara abusar sexualmente del aludido expresidente del gobierno, que volvió a los candeleros mediáticos -aunque nunca se fue- tras hacer una hermosa “peineta” a algunos jóvenes que le increpaban por su papel de co-starring en la guerra de Irak. Creo que no habría dinero en el mundo para compensarle…
Sí, ya sé: no hay ninguna proporcionalidad en estas resoluciones judiciales. Son manifiestamente ridículas las indemnizaciones que recogen. Y hay bastantes más. El problema es que al día siguiente, sus autores –que a veces se leen los recursos que les llegan- han seguido haciendo otras, como si tal cosa, sin que nadie les señale ni se tome ningún tipo de medida.
Qué pena que con tanto legislar no se legisle de una vez sobre las cuantías de multas e indemnizaciones, como existe desde hace años para los asuntos de tráfico. Pero claro, tal normativa interesaba a las compañías de seguros. Y ya se sabe: si algo conviene a las aseguradoras o a los bancos, se hace ipso facto. Los demás, pues según quien seas, así obtendrás…