viernes, 31 de diciembre de 2010

La Iglesia se pone nerviosa...






Fui de los que, cuando surgieron las primeras noticias sobre posibles casos de pederastia cometidos por sacerdotes, no le presté demasiada atención. En una institución tan grande, con tantas personas, es normal –pensé- que haya algún degenerado que otro; más o menos en el mismo porcentaje que en cualquier otro grupo similar. Pero fue aumentando el número de casos y su relevancia, sobre todo en USA, y sus diócesis empezaron a pagar indemnizaciones millonarias en pleitos civiles, para evitar que los sacerdotes acusados fueran juzgados penalmente. Entonces fue cuando sorprendió a propios y extraños el gran número de propiedades inmobiliarias que tenía la Iglesia católica norteamericana para hacer frente a sumas tan importantes, no tanto el número no pequeño de casos de pederastia. Creo que la Iglesia de Roma no le prestó demasiada atención a este asunto, quizá por considerar peculiar a la Iglesia norteamericana, tan próxima a mil formas de protestantismo y tan cercana a un acrisolado mundo demasiado hedonista. Tampoco Roma reparó demasiado en los problemas que estaban surgiendo, al mismo tiempo, en la Iglesia de Irlanda. Allí no podría achacarse la desviación de los sacerdotes pedófilos a aquella proximidad; pero se confió quizás en su reducido tamaño y en el fuerte apoyo político con que contaba y sigue contando la Iglesia Católica de Irlanda, muy implantada socialmente. Admito que, hasta aquí, seguía sin concederle demasiada atención al problema. Que en Irlanda surgieran bastantes casos de pederastia, tenía la explicación de la propia omnipresencia de la Iglesia en aquél país a lo largo de siglos, luego era normal que la ratio de pedofilia fuese más elevada. Pero poco después surgen casos en Alemania, y muy graves, y reaparecen otros de Estados Unidos, en los que tuvo cierta intervención lejana o muy indirecta el actual Papa, y claro, se le empieza a prestar más atención,  a la vez que la Iglesia de Roma comienza a ponerse muy nerviosa. Tan nerviosa que pronto acudió a mensajes erróneos como el de “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra” o ese otro de “Hay que ser duro con el pecado, pero indulgente con el pecador”. Dada la gravedad de las imputaciones, así como su número –que no deja de aumentar-- creo sinceramente que a la Iglesia (la de Roma) no le quedaba más salida que la de pedir un perdón sincero y la oferta de una investigación tan amplia como fuera preciso, con el compromiso de adoptar medidas internas severas, incluyendo el cese de determinados cardenales. 

Eso habría sido lo sensato. Pero no ha sido eso lo que ha hecho. En la Iglesia (de Roma) rige aún la llamada “doctrina Bertone”, número dos de la Santa Sede, el cual en el año 2001 en una  entrevista a la revista católica 30 Giorni dijo: "No excluyo que en algunos casos pueda darse una forma de colaboración entre la autoridad eclesial y la magistratura; pero no tiene fundamento que un obispo, por ejemplo, sea obligado a ir a la magistratura civil para denunciar al sacerdote". Por eso ahora la cosa va a más, ya se espera que surja otro foco de pederastia aquí o allí; es sólo cuestión de tiempo. Así no es raro incluso que haya habido en Estados Unidos peticiones formales de procesamiento del Papa, por su actuación (ocultación) de casos en Texas y Kentucky. A tanto llega el nerviosismo, que un experto en derecho canónico del Vaticano (Di Giacomo) ha dicho: "La Iglesia no es una multinacional tabacalera. No se puede acusar al Santo Padre por delitos de algunos curas. Nosotros no somos sus empleados y él no puede ser responsable en cargos particulares. Cada obispo controla su diócesis". Y añadió: "Si la jurisprudencia norteamericana considera al Santo Padre responsable por unos curas que abusaron de niños en 1962, entonces el Tribunal Vaticano podría llamar a juicio a la Casa Blanca por el asesinato del arzobispo de San Salvador, Óscar Romero, asesinado en 1980 por su lucha en contra de la dictadura que EE UU impuso en aquel país. A ver si viene Obama a declarar aquí". Sin embargo, en 1980 Obama estudiaba ciencias políticas en la Universidad de Columbia (Nueva York). Así que lo dicho: hay mucho nerviosismo en la Santa Sede, y no, no es ésa la solución al problema…






martes, 28 de diciembre de 2010

Sobre la propiedad intelectual y la piratería (a ver si nos enteramos...)


            

              Desde hace un tiempo viene discutiéndose sobre la aparentemente difícil convivencia entre la llamada propiedad intelectual y el libre y gratuito acceso a ella merced a las nuevas tecnologías.

            Bienes y derechos vendibles hay muchos en el comercio de los hombres, como dicen los juristas. Desde cereales, frutas y verduras hasta pisos, casas y automóviles, pasando por derechos de uso, arrendamiento o usufructo de cualquier bien principal. No parecía que debiera haber habido demasiados problemas para tratar con las llamadas propiedades especiales, que son dos: la intelectual y la industrial.

            A estas alturas, con Internet o sin él, de momento nadie discute que la propiedad industrial (lo que se conoce como patentes) tenga un valor y una protección determinados por el ordenamiento jurídico. Un problema menos, podríamos decir.

            Pero no ocurre igual con la propiedad intelectual: con la literatura (o su expresión comercial: el libro), la música (id.: discos), el cine (Id.: la película en cualquier soporte). Por algún motivo, sólo evidente para sus detractores, la propiedad intelectual no es que sea especial, es que ha de ser especialísima, y por tanto no  debe gozar apenas ni de valor ni de protección por las leyes. Se diría que como el intelecto es inmaterial, su resultado ha de quedar reducido a mero divertimento por parte del creador, divertimento que lógicamente no ha de ser remunerado en forma alguna.

            Eso estaría bien si cada uno con su intelecto, mayor o menor, creara su propia obra (literaria, musical o de otra índole) para su autoconsumo, renunciando a obtener satisfacción a través de las obras creadas por otros (los autores). Pero no debe estar tan claro, si constatamos que nuestro intelecto no da para tanto y acudimos para nuestra satisfacción a la obra de los demás.

            Con independencia de que haya muchos escritores o músicos sin pretensiones comerciales, no por nada sino porque la naturaleza no les dio suficiente talento para ello, parece tan lógico como obvio que quien quiere algo de otro ha de pagarlo. Sea esto material o inmaterial, común como un kilo de tomates o especial como un disco de música clásica.

            Pero esa obviedad se ha puesto en entredicho en los últimos meses,  o a lo sumo en los últimos tres o cuatro años, de resultas de que la tecnología ha conseguido --con la generalización de Internet y el abaratamiento del servicio por las compañías telefónicas— que cualquiera sin el necesario talento intelectual de que hablábamos pueda tener a su disposición las obras creadas por otros, las cuales no vieron la luz  exclusivamente para su satisfacción y divertimento sino con el fin de conseguir una legítima remuneración por su formación y esfuerzo.

            Los argumentos que ponen en entredicho esa legítima remuneración son en ocasiones bastante peregrinos:

            1º) Por algunos, los más generosos según ellos, no se discute el derecho a percibir honorarios por –por ejemplo- la actuación musical en un concierto determinado, pero sí por la venta del disco con el contenido de ese concierto o el que fuere. O en el caso de los actores, por cada actuación teatral. No explican en el caso de estos últimos qué pasa con los actores de cine -cómo deben de cobrar-, pues la película es un producto creado para la copia y exhibición; pero bueno, ellos no tienen que tener respuesta para todos. Otros, los más radicales, llegan al extremo de considerar que ni por tales actos (conciertos o representaciones teatrales) deben de cobrar, pues la propia satisfacción de la expresión artística ya es suficiente recompensa (habría que preguntarles a estos últimos a qué se dedican y por qué no lo hacen por amor al arte).

2º) Sin embargo, para ambos grupos, el problema principal estriba en obtener un rendimiento extra de o por la copia de la actuación artística. Se diría que hay algún tipo de problema es aceptar que el  consigue cierto éxito en su carrera musical, abandonando otras alternativas profesionales, tenga que ver limitadas sus posibilidades de ingresos económicos; problema éste que no se ve en otros profesionales, como los de la medicina o el derecho que consiguen también ese cierto éxito y a los cuales no se les obliga a dejar de obtener unos ingresos extra por conferencias o por publicaciones. Tanto en la profesión artística como en las no artísticas –o en algunas de éstas-, existe la posibilidad de obtener remuneración por más de una vía o forma, sin que a priori haya que criminalizar ninguna, como se hace.

            3º) A nadie se le escapa que profesiones adocenadas hay muchas, y que el que decide emprender algún tipo de carrera artística lo hace desde la mayor de las incertidumbres (salvo que sea ya hijo de artista…). No es infrecuente –o no lo era antes- que el aspirante a artista, a ganarse la vida con su música o su creación literaria, tuviera que renunciar a profesiones más acomodadas. Justo es que, como compensación, aquél o aquellos que consigan cierto éxito, puedan obtener una remuneración que siga haciendo atractiva a otros esa carrera artística, que de otro modo se extinguiría. O eso nos parece a algunos.

4º) Por algún motivo, el derecho al ocio sin límite se ha convertido en nuestros días en un derecho fundamental, como si del derecho a la libertad o a la vida se tratara. O sea, un derecho apenas sin restricción, en línea con la posibilidad tecnológica de disfrutar de él, que es también casi ilimitada. Dicho de otro modo, quien tiene para comprarse un ordenador mediano de 600 u 800  € y abonar la cuota de acceso a Internet, por algún motivo sólo evidente para él, cree que puede tener acceso ilimitado a todo lo que por esa vía pueda conseguir. ¿No paga la cuota de conexión? ¿No es suyo el ordenador? Pues con ello paga también la posibilidad de descargarse música, conciertos enteros, o películas sin límite. A algunos habría que recordarles que no, que lo que pacten las compañías telefónicas con el cliente para el suministro del servicio adsl, no afecta también al derecho de terceros (los artistas creadores, en este caso), salvo si los terceros plasman su firma también al pie de ese contrato, lo que no es el caso.

            5º) Lógicamente, en este contexto, el artista o creador sin el cual no existiría la posibilidad de obtener la obra que se quiere disfrutar, no tiene ningún derecho a réplica ni a compensación económica, pues la copia es individual y no comercial –dicen-. Esto es, para muchos esa copia individual ha de ser absolutamente gratuita, como antaño lo fue la cinta magnetofónica o cassette, ya digo que sin limitaciones de ninguna clase. Es decir, que si se encuentran en Internet la posibilidad de descargarse una película o un disco de estreno, se produce la descarga y ya está. No ven obstáculo legal ni ético pues, recuérdese, ellos han pagado el ordenador y pagan la cuota mensual de acceso a Internet (como si en este contrato fuese contenido aquel derecho). 

6º) El grupo aludido no recuerda ya –por olvido interesado- o no puede recordar –por exceso de juventud-, que también antes se producían copias ilegales de cassettes para el comercio, que eran consideradas delictivas y se decomisaban. Por algún motivo, sólo evidente para ellos, las copias en CD o DVD generadas hoy en día con el mismo fin no tienen que seguir idéntica suerte.

7º) Antes y ahora había delincuentes que se dedicaban a realizar copiar ilegales para venderlas más baratas, por debajo del precio comercial. Ahora se introduce una novedad, y es que la propia venta de la copia ilegal se produce por otra vía también ilegal, que es la web-pirata, vamos a llamarla así. 

8º) Estas webs-pirata no consiguen sus beneficios del aire, ni se dedican a la filantropía, como algunos parecen decir. En el mejor de los casos se nutren con la publicidad de la página que es multivisitada por los hambrientos del ocio gratis. En el peor, además piden una cuota por descargarse el disco o la película que sea. Son estas webs-pirata las que con un régimen legal adecuado, se cerrarían, y por ese motivo los autodenominados internautas han puesto el grito en el cielo, o más arriba aún, siendo escuchado por todos los partidos políticos que en claro ejemplo de cobardía han dado la razón al colectivo quejoso, pues saben los partidos políticos que con el pan y el circo no se juega…

9º) Estas webs-pirata están en contacto con defraudadores profesionales que consiguen la copia inicial directamente de la fuente original. Si se trata de película, pagan su entrada al cine llevando oculta su cámara de video y se pasan las dos horas de la película grabando. Luego, se hacen copias en CD o DVDs directamente, y/o se transmiten vía web-pirata. Por algún motivo, sólo evidente para los adoradores de ese becerro de oro que es el derecho de ocio sin límites, esta conducta no debe ser punible, pues evita la posibilidad de que ellos posteriormente puedan conseguir la grabación gratis o a un precio bien módico.

10º) Los del grupo pro-ocio infinito vía Internet se apresuran, y en esto tienen razón, a decir que sobre todo discos y películas, cuando se adquieren por el conducto comercial reglamentario, tienen unos precios muy altos. Es cierto. Si algo ha conseguido Internet y la informática es relativizar, minorar diríamos, el precio real que debe pagarse por las copias. Antaño estaban disparadas de precio, y aun lo están  si se trata de obtener en cualquier establecimiento al uso. Pero el tener razón parcial en algo no se la concede en todo lo demás. Y desde luego, ahora, con la extensión del pirateo, hemos pasado de un extremo al otro, en el que la copia tiene un valor próximo a cero, por muy reciente que haya sido su puesta en circulación.

11º) Los del grupo aludido pro-ocio infinito vía Internet, no todos pero sí la mayor parte, tienen alguna actividad con la que consiguen cierta remuneración. Pongamos que son empleados de 8 a 3.00 de la tarde. O más fácil aún, imaginemos que son agricultores, y que en concreto cultivan tomates, por ejemplo, según se refirió antes. No sé si les haría alguna gracia que existiera cierta tecnología que permitiera copiar o clonar los tomates que producen y que, tras ello,  acabaran como por arte de magia en el frigorífico de ciertos consumidores sin contraprestación alguna, quedándose ellos con los originales. No lo sé, pero sospecho que mucha gracia no les iba a hacer tener que el comérselos ellos (los originales). Pienso que incluso pondrían el grito en el cielo. Pues eso mismo es lo que ocurre aquí con los creadores y artistas: que hay una tecnología que permite conseguir una copia del producto final sin pago alguno a su creador y sí, si acaso, al delincuente y listillo de turno.

¿Se entenderá ya? ¿Se enterarán algunos ya de una vez? 

Sospecho que no.

lunes, 27 de diciembre de 2010

La nueva ortografía

 


Una de las noticias más comentadas y repetidas en las últimas semanas, es sin duda la promulgación de la “nueva ortografía”, resultado del consenso de la RAE y de las 21 academias latinoamericanas restantes. El idioma, cualquier idioma, también el castellano o español, es algo vivo y mutable. Sobre todo influenciable, y así, no pocos neologismos o extranjerismos terminan incorporándose al diccionario con o sin adaptación fonética o gráfica, generalmente con ella, como ocurre con “güisqui” (whisky) o ahora “pirsin” (piercing).

            Otra cosa es la ortografía, las reglas de la correcta escritura. Algún cambio esporádico es normal que necesite, sobre todo por la influencia de las academias latinoamericanas. Pero esta influencia es más en cuanto al léxico y consiguiente incorporación de nuevas palabras, que estrictamente por cuestiones ortográficas lo que sólo se puede decir que ocurra de manera infrecuente, por no decir esporádica.
            Pero la nueva ortografía ha recogido tantos comentarios en contra, que la RAE se ha apresurado a decir que no es una norma impuesta, sino una mera propuesta. Sin embargo, emplear un texto de más de ochocientas páginas  cuya elaboración ha llevado varios años, y que el resultado final se quede en una mera propuesta, parece excesivo. Y sobre todo, tal resultado tiene multitud de decisiones harto discutibles. Es lo que pasa, por ejemplo con la eliminación de la tilde en los pronombres demostrativos para distinguirlos de los adjetivos del mismo tipo, por mucho que digan que ya lo propusieron en 1959. O la misma eliminación de la tilde en palabras como sólo como sinónimo de solamente frente al solo adjetivo (único).  A nadie se le escapa que con soluciones de ese tipo, se va a generar una confusión no pequeña en el uso del lenguaje escrito, toda vez que esas tildes perseguían diferenciar unas palabras de otras mediante la introducción de un signo distintivo que ahora desaparece. 

      Dicen los académicos que se sabrá si la palabra solo es adverbio o adjetivo por el contexto, que no habrá tanto problema, y es posible que con el paso del tiempo nos acostumbremos al cambio, pero ahora habrá multitud de ocasiones en que se genere ambigüedad y confusión. Igual refieren de los pronombres y adjetivos demostrativos: éste, ése, aquél y sus femeninos perderán la tilde cuando se utilicen como pronombres y se escribirán exactamente igual que los adjetivos demostrativos que acompañan al sustantivo). La tilde estaba justificada no sólo por la diferenciación que se conseguía, sino también porque en la práctica –si la práctica lingüística era buena-, la entonación de la letra acentuada en los pronombres era distinta (superior o más intensa) a la de los adjetivos.

Algo diferente, pero no mejor, ocurre con la desaparición de las letras ch y ll: se va a dar la incongruencia de que conservaremos los fonemas (o sea, seguiremos pronunciando “che” y “elle”) pero no habrá ya sus correspondientes grafías, las letras que ahora tan arbitrariamente se suprimen. Eso por no hablar del peligro que a partir de ahora corre la ñ, seguramente la próxima víctima de esta tendencia simplificadora. Sin embargo, nos crean una letra nueva, la ye que sustituye a la y griega. Pero aquí hay que reconocer que el cambio coincidía con el iter natural en la creación de consonantes, ése que adivinan casi siempre los niños pequeños cuando empiezan con la lectoescritura colocando a menudo una e final tras la consonante para enunciar ésta (y así a la f no la llaman “efe” sino “fe”, por ejemplo), y del que se apartan cuando tienen que aprender que la h es “hache” o la misma y era “y griega”.

Otro aspecto novedoso de la reforma ocurre con sustantivos que eran nombres comunes y, sin embargo, se escribían con mayúscula, como ocurría con Papa (pontífice) y con Rey (monarca). Me temo que vamos a volver a la confusión antes apuntada. El problema ocurrirá sobre todo  si “papá” (padre) pierde la tilde, como ha ocurrido ahora con guion por ejemplo, y entonces la grafía vuelve a ser la misma para una palabra y otra con tan diferentes significados; pero el problema surge ya con la segunda acepción de la palabra papa según el diccionario de la RAE (patata). O sea, hoy en día, no hay diferencia alguna entre el tubérculo y el pontífice. 

Lo mismo ocurre con "rey”, que cuando se utilizaba como atributo del monarca era con mayúscula, reservándose la minúscula para el uso cotidiano, y ahora se iguala por abajo. Se dirá que el contexto permitiría discernir un significado y otro, pero dependerá no poco de la capacidad intelectiva de  escritor y lector. Creo que mejor habría sido dejar las cosas como estaban, porque estaban bien.

Dudo que la reforma aguante el paso de los años. Es más, pienso que ocurrirá lo mismo que con aquella que se puso en marcha en los años setenta. Algunos la recordarán. Me refiero a la posibilidad que dio la Academia de escribir sólo con “s” las palabras que antes empezaban con “ps”, tales como “psique” o “psicólogo”, las cuales durante un tiempo pudieron escribirse “sique” o “sicólogo”: perdieron la “p”. Aquel dislate finalizó cuando alguien reparó en que “sique” o “sicólogo” procedían de la raíz latina “sicus”, que significa higo. De modo y manera que, si antes de la transformación un psicólogo era el especialista en psicología o bien una “persona dotada de especial penetración para el conocimiento del carácter y la intimidad de las personas” (segunda acepción), de repente pasó a ser un “especialista en higos”, digámoslo así.

Tengo el mayor respeto por lingüistas y literatos, si no admiración. Pero creo que se han equivocado con casi todas las modificaciones que han puesto en marcha, aun como propuesta. Si no, al tiempo.
           

viernes, 17 de diciembre de 2010

El "Efecto imitación"




            Desde antiguo se conoce que el hombre es un ser eminentemente social. Eso hace que, salvo unos pocos que eligen una vida esencialmente individual y aislada, el resto prefiramos vivir en sociedad. E interactuamos entre nosotros. Con ello, a la vez que influimos en otros, somos influidos por ellos. Hay un trasvase permanente de datos, de información y de costumbres o hábitos por muy diversas vías: la del trabajo, la de la educación, las relaciones familiares, las personales… Siempre escuchamos comentarios sobre por qué alguien hace algo o dice que hace algo, y también los emitimos. Constantemente. Sólo somos impermeables a las opiniones ajenas cuando están en franca oposición a lo que pensamos, pero eso ocurre muy pocas veces. Luego están los elementos grupales y mediáticos, creados de raíz para  influir en las personas, como la prensa, la moda, la publicidad en sus más variadas formas, los grupos de presión, religiosos o políticos –da  igual--, entre otros muchos. Unos y otros generan que sigamos y hasta que copiemos tal o cual comportamiento, sin darnos demasiada cuenta; desde comprarnos tal prenda deportiva o tal producto en el supermercado, a pasar un fin de semana en tal ciudad o ir a ver determinada película. Nada tiene de malo si la influencia que se recibe es fútil o bien inocua. Las consecuencias difícilmente podrán ser preocupantes. El problema surge cuando la influencia recibida lo es en asuntos no ya sólo mucho más importantes, sino incluso de una gravedad extrema. 

Muchos recordarán que hace algunos años teníamos en nuestro país lo que se denominaba “servicio militar obligatorio”. Su fin vino motivado tanto por el paso del tiempo como por la ocurrencia de sucesos gravísimos, como fueron los suicidios de no pocos reclutas. En 1990 en España se suicidaba un soldado cada quince días. Hasta el año 96 ésta fue la principal causa de muerte de jóvenes que realizaban el servicio militar. Los índices estaban entonces, según fuentes del Ministerio de Defensa, en torno al 50 por mil. Entre la población civil eran mucho menores, cercanos al 9 por mil (o sea, casi la sexta parte menos). Era la última etapa de una mili que cada año obligaba a 180.000 jóvenes a acudir a filas. Muchos la percibían como un obstáculo en su vida. Otros, como el soldado Redondo de Andújar, lo que quería era proseguir como soldado profesional, pero en 1994 no le dejaron las autoridades militares porque se le diagnosticó asma, y el chaval no lo superó, quitándose la vida. En definitiva, unos pocos, los menos fuertes, no lo superaban.

Sea por un motivo o por otro, lo llamativo de aquellos sucesos era que se publicitaban hasta la saciedad. Si cada 15 días moría un muchacho (o sea, unos 25 al año), generalmente disparándose su arma de fuego, teníamos telediarios abriendo con la noticia durante tres o cuatro días, y primeras páginas en los diarios durante otro tanto. Así hasta el siguiente muerto, y vuelta a empezar. La influencia de los medios era palpable. Cuanto más se pregonaba una noticia de éstas, más probable era que sucediera otra igual. Era un círculo vicioso. Casi nadie reparó expresamente en que la sobrecarga informativa sobre tal asunto daba lugar a nuevos sucesos del mismo tipo. O sea, a más suicidios de soldados. Dejó de haber suicidios de forma paulatina, cuando el tratamiento informativo fue bajando en intensidad y frecuencia, y esto a su vez por el mismo hartazgo de quienes accedían a los medios. De repente ya no había estímulos externos (informativos) favorecedores del suicidio en el servicio militar, y poco a poco desaparecieron. 

Hace unos meses los políticos del extinto Ministerio de Igualdad se percataron de que no pocas veces se mata por el “efecto imitación”, sin importar la dureza de la Ley de Violencia de Género. ¡Qué brillantez intelectual la suya…! Lo que la Criminología enseña desde hace 200 años, ellos lo redescubrieron prácticamente anteayer, aunque también hay que decir que al menos se han terminado dando cuenta. ¿Pero desde que lo saben han hecho algo? ¿Les han dicho, como fuera, a los medios de comunicación que no pongan el foco sobre este tipo de noticias…?  No, porque si lo hacen y les hicieran caso –sobre todo las televisiones- y la cifra de asesinatos baja, en cierta forma serían responsables de ese exceso de crímenes. No sé,  pero 20, 30 o incluso 40 muertes al año se podían haber evitado (la violencia “0” no existe ni existirá nunca). Ahora ya vamos por 70 a mediados de Diciembre de 2010. ¿Alguien va a hacer algo en este sentido, o es que, como se pierde audiencia en los medios, hay que mantener lo que tenemos aun a costa de más y más asesinatos?

jueves, 16 de diciembre de 2010

Los avisos de Olot y Florida


            Dos sucesos luctuosos copan la realidad mediática, los dos con un mismo origen o causa: la desesperación laboral. En Olot, un trabajador de una empresa constructora la emprendió a tiros con sus dos jefes –padre e hijo- y tras ello, hizo otro tanto con dos empleados de banca. Se sabe que los empresarios le debían dinero, cinco mensualidades, y que lo iban a despedir después de 20 años con ellos porque –decían- no marchaba bien la empresa, e igualmente se sabe que le dieron como forma de pago final un cheque sin fondos que intentó cobrar en una Caja de Ahorros donde trabajaban los otros dos finados. Esto último, el impago del cheque por ese motivo, unido a la amenaza de embargo de su vivienda y la reclamación de una deuda por el uso de la tarjeta de crédito, terminaron de generar en el cerebro de Pere Puig, que así se llama el albañil de 57 años aficionado a la caza que obró de ese modo, la tormenta perfecta que engendró esa enorme ola de ira con el resultado ya sabido.

            Más lejos, allende nuestras fronteras, en la soleada Florida, ha ocurrido el segundo suceso de esta índole.   Clay Duke, un hombre de 56 años, uno menos que el anterior, se dirigió a la Junta Escolar del colegio donde trabajaba su esposa, recién despedida, armado con una pistola. Pintó una “V” de venganza amenazante en la pared al tiempo que pedía explicaciones por su despido y, al encontrarse con las evasivas de los miembros de la Junta, disparó contra ellos. Lo de menos es el resultado final de este segundo suceso, pues no hirió a nadie mientras que él resultó muerto. Lo importante es que, como en el crimen de Olot, la desesperación laboral ha empezado a desencadenar tragedias irremediables.

            Resulta curiosa la coincidencia de edad, hábitos y móviles entre los dos casos, lo que por supuesto constata una vez más que la naturaleza humana es una, y desde luego nada distinta a uno y otro lado del Atlántico. Pero lo que quizá llame más la atención sea la edad: los dos estaban ya en esos cincuenta y tantos años, que puede ser momento de declive físico importante y antesala de una vejez que se ve vivida en la indigencia. Y así, quienes tras toda una vida trabajando se ven al borde la pobreza extrema en un mundo despiadado e injusto que les reclama que paguen sus deudas pero que no cumple con ellos como es debido, pueden reaccionar de esa forma desesperada y criminal, no se olvide. Si tras toda una vida trabajando, se ven al borde de la indigencia y sin salida, como ha ocurrido, el crimen será una consecuencia tan deplorable como lógica. 
            Me temo que las víctimas de Olot han pagado culpas que no eran suyas exactamente. Los especuladores inmobiliarios generaron un empuje irreal de la construcción que ahora vive sus horas más bajas, donde empresarios venidos a menos intentan sobrevivir en un sentido más real que figurado. Los especuladores financieros promovieron la concesión de hipotecas y de préstamos a fin de ganar más y más, dejando de pantalla a cohortes de empleados de banca que han de lidiar a diario con personas desesperadas. Todos esos especuladores, unos y otros, son los que en realidad han apretado el gatillo en Olot. 

            Se haría bien en reflexionar cuántos crímenes más de esta clase sucederán aquí y allá. En el llamado “primer mundo”, la crisis se está cobrando nuevas víctimas, ejecutadas por otras víctimas de la propia crisis. Qué no ocurriría si alguna de estas víctimas armadas se toparan con algún responsable directo de ella y de su angustiosa situación económica; qué no pasaría si se dieran de bruces con algún ejecutivo de Wall Street o de la City londinense, de ésos que dictan a los gobiernos lo que tienen que hacer y lo que no… Sí, seguramente esos altos ejecutivos con cobran altísimos bonus terminarían sobre el frío mármol de una morgue. 

             Ojalá que no suceda lo que voy a decir, pero aquí en España la renta de subsistencia de 426 € llega a su fin, y ese dique contra la desesperación desaparecerá. Que a nadie extrañe que lo que pase después, engrose la crónica de sucesos.  

domingo, 12 de diciembre de 2010

Fuerte con los débiles...


…Y débil con los fuertes”. Ése fue uno de los reproches que el infausto miércoles negro 12 de mayo, tuvo que escuchar el presidente Rodríguez Zapatero. Se lo decía el portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados, partido éste que, como suele ocurrir con los de espectro más radical, en no pocas ocasiones dicen verdades como puños.

            Había y sigue habiendo consenso en que la crisis económica que nos devora había sido originada, creada y  hasta mimada, por un grupo de analistas financieros y especuladores que, en el mejor de los casos para ellos, erraron estrepitosamente en sus cálculos y en sus inversiones. Mucho se dijo, después de la caída de Lehman Brothers’ y del rescate bancario internacional que fue preciso poner en marcha, acerca de que era necesario refundar el capitalismo para que no volvieran a ocurrir tsunamis financieros de este tipo. ¿En qué quedó aquello? En nada… Ni Tasa Tobin que gravara las operaciones bancarias, ni control de los derivados y de la titulización, ni nada de nada. De paso los estados tenían que gastar miles de millones en acudir a ese rescate bancario a cambio –recuérdese- de que se abriera el crédito a familias y empresas, y tuvieron que endeudarse hasta niveles absolutamente desconocidos para incentivar el consumo, la demanda interna, hacer frente a un desempleo brutal..; en suma, se disparó el déficit público, todo se trastocó.

            Pero hete aquí que los mismos que nos llevaron a esa situación calamitosa, cuya identidad apenas conocemos –el “Diario Público” hizo un encomiable intento de divulgación, no seguido por la prensa especializada-, los mismos que pusieron en marcha al monstruo y que estuvieron callados durante unos meses, han resurgido de sus cenizas. Se han vuelto a poner al frente del timón de las economías mundiales y a decirnos lo que hay que hacer. No, nadie les ha oído pedir perdón. Pero dicen que ahora sí llevan razón, que esta vez no se equivocan y que si no se les hace caso, será el llanto y el crujir de dientes. Piden reformar el mercado laboral y reducir el déficit público a ultranza. Y en ésas estamos…

            Zapatero, que nos podía haber ahorrado a todos varios miles de millones de euros si hubiera actuado con más contundencia al menos un año antes, ha hecho caso a esos “oldcon” que manejan los hilos de los mercados financieros especulativos y ha adoptado una serie de medidas draconianas… contra los débiles, claro. Con los poderosos no se atreve, no vaya a ser que le riñan. Así que no, no habrá subida de impuestos para las rentas más altas (aunque sí las ha habido en Irlanda y Portugal, que están en nuestra misma situación), ni volverá el Impuesto sobre el Patrimonio (con el que se pagaría íntegra la factura anual por Dependencia). No, tampoco se tocan a las SICAVs, no vaya a ser que los que están detrás de ellas y pagan un miserable 1% de lo que ganan, decidan llevarse su 1% a otro país. Pero a los débiles sí. Para esos sí hay medidas durísimas: un 5% de recorte salarial a los funcionarios, pensiones congeladas, prestaciones por dependencia que se perderán, inversiones públicas –necesarias para reducir desempleo e incentivar el consumo,  aparte las obras en sí- que se eliminarán. Todo para satisfacer a los insaciables… Wyoming concluía que “Las víctimas tendrían que pagar las fechorías de los malhechores”. No le faltaba razón. 

            En Grecia ya ha habido revueltas y manifestaciones, y hasta muertos, porque no soportan –nadie puede- tener que pagar por las culpas de otro; pero menos aún cuando el verdugo de ahora, el que pretende degollar al inocente, fue el asesino de antes; el autor del asesinato por el que se le corta la cabeza a quien no tiene culpa… Ahora  habrá -está habiendo- movilizaciones aquí, entre los funcionarios. Pero lo que verdaderamente importa es preguntarles a la cara a los gobernantes, a todos, en todos los países de nuestro entorno, aquello que dijo Cicerón a Catilina hace más de dos mil años: “¿Hasta cuándo vas a abusar de nuestra paciencia?”.

jueves, 2 de diciembre de 2010

El Caso "Pozo Alcón"

 


              Muy bueno el reportaje de Juan Esteban Poveda (o JEP) sobre la familia de Pozo Alcón más mediática del mundo mundial. O sea, la formada por Mª del Saliente, José Domingo, y su hijo. Sí, el chico aquél que le lanzó la zapatilla a su madre porque le dijo que hiciera los deberes, perdiendo ésta los nervios, dándole un tortazo al niño que terminó en los tribunales por culpa del profesor, del centro de salud y por un no mal, sino muy mal, sentido hiper-protector de los menores que vive instalado entre nosotros desde hace algunos años. ¿Se acuerdan ya?

            Se veía venir: las cosas en esta familia van de mal en peor a raíz de la Sentencia famosa, aquélla que todo el mundo leyó y con la que nadie estaba de acuerdo, salvo con la petición de indulto para evitar la separación entre la madre y el hijo díscolo. Ahora el niño no tiene 10 años, sino 13, y sus padres están desesperados. El comportamiento del menor ha empeorado, y encima y a raíz de la sentencia, chantajea a sus progenitores cuando éstos le regañan, con un “que os meto presos”. 

Sin entrar a valorar la catadura moral del muchacho, es obvio que de aquellos polvos vienen estos lodos. Aquella sentencia pudo hacerse de otra manera, pero no se hizo; aquel recurso del fiscal (uno de los pocos que plantean los fiscales de Jaén…), estimado por cierto, pudo interponerse en otro sentido, pero tampoco  se hizo.

            Ahora el profesor ya no verá más al muchacho sangrando por la nariz, ni el médico del centro de salud remitirá más partes al Juzgado, y no sólo porque Mª del Saliente y José Domingo tienen miedo a alzarle la voz al niño, no digamos ya a tocarle un pelo de la ropa, sino porque el niño lógicamente ha evolucionado a un “Ni-ni” total y absoluto, y ya no va a clase desde hace tiempo. Se limita a hacer el vago, a fumar y no aparecer por casa salvo para comer y dormir.
Ahora también, los padres han pedido a los Servicios Sociales de la Junta de Andalucía que se hagan cargo del muchacho, porque ellos no pueden, y por la Junta se ha contestado que no, porque como el mal comportamiento crónico no es delito, ni está abandonado por sus progenitores, pues ya está… Y eso que no se busquen los padres otro problema con la Justicia por no “conseguir” -¿cómo?- que el niño vaya al colegio. De hecho me extraña que el Fiscal-Jefe de Jaén no haya dado ya órdenes de proceder contra estos padres, de nuevo.

            Decía la madre de Sandra Palo, a propósito del “Rafita” (uno de los asesinos de su hija), que si tanto querían velar desde los Poderes Públicos por la reinserción del muchacho, que se lo llevara Caamaño a su casa. No sé cómo será de amplia la casa del Ministro de Justicia, pero podría llevarse a casa a unos pocos más, como el muchacho que nos ocupa, y educarles él y predicar con el ejemplo. O educarles quienes han dado lugar a este desaguisado, que –ya digo- se veía venir. Es más, se ve que empeorará. Y no precisamente por culpa de Mª del Saliente y José Domingo. Pero bueno, no hay problema. Ahí está la Fiscalía y la Audiencia Provincial, para castigar sin más si los padres pierden otro día los nervios… Sí, luego dicen que la culpa no es suya, que las leyes están así hechas por el Legislador, y hasta convencen a algunos cuando eso dicen. Lo que ya no dicen es que la misma ley que aplicaron a Mª Saliente, fue aplicada e interpretada por otros tribunales (como la Audiencia Provincial de Córdoba, Vizcaya y Barcelona) en sentido distinto y contrario al que padeció esta madre, que pudo y que debió haber sido absuelta. Entonces, no habría ocurrido lo que ahora ha pasado…