Fui de los que, cuando surgieron las primeras noticias sobre posibles casos de pederastia cometidos por sacerdotes, no le presté demasiada atención. En una institución tan grande, con tantas personas, es normal –pensé- que haya algún degenerado que otro; más o menos en el mismo porcentaje que en cualquier otro grupo similar. Pero fue aumentando el número de casos y su relevancia, sobre todo en USA, y sus diócesis empezaron a pagar indemnizaciones millonarias en pleitos civiles, para evitar que los sacerdotes acusados fueran juzgados penalmente. Entonces fue cuando sorprendió a propios y extraños el gran número de propiedades inmobiliarias que tenía la Iglesia católica norteamericana para hacer frente a sumas tan importantes, no tanto el número no pequeño de casos de pederastia. Creo que la Iglesia de Roma no le prestó demasiada atención a este asunto, quizá por considerar peculiar a la Iglesia norteamericana, tan próxima a mil formas de protestantismo y tan cercana a un acrisolado mundo demasiado hedonista. Tampoco Roma reparó demasiado en los problemas que estaban surgiendo, al mismo tiempo, en la Iglesia de Irlanda. Allí no podría achacarse la desviación de los sacerdotes pedófilos a aquella proximidad; pero se confió quizás en su reducido tamaño y en el fuerte apoyo político con que contaba y sigue contando la Iglesia Católica de Irlanda, muy implantada socialmente. Admito que, hasta aquí, seguía sin concederle demasiada atención al problema. Que en Irlanda surgieran bastantes casos de pederastia, tenía la explicación de la propia omnipresencia de la Iglesia en aquél país a lo largo de siglos, luego era normal que la ratio de pedofilia fuese más elevada. Pero poco después surgen casos en Alemania, y muy graves, y reaparecen otros de Estados Unidos, en los que tuvo cierta intervención lejana o muy indirecta el actual Papa, y claro, se le empieza a prestar más atención, a la vez que la Iglesia de Roma comienza a ponerse muy nerviosa. Tan nerviosa que pronto acudió a mensajes erróneos como el de “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra” o ese otro de “Hay que ser duro con el pecado, pero indulgente con el pecador”. Dada la gravedad de las imputaciones, así como su número –que no deja de aumentar-- creo sinceramente que a la Iglesia (la de Roma) no le quedaba más salida que la de pedir un perdón sincero y la oferta de una investigación tan amplia como fuera preciso, con el compromiso de adoptar medidas internas severas, incluyendo el cese de determinados cardenales.
Eso habría sido lo sensato. Pero no ha sido eso lo que ha hecho. En la Iglesia (de Roma) rige aún la llamada “doctrina Bertone”, número dos de la Santa Sede, el cual en el año 2001 en una entrevista a la revista católica 30 Giorni dijo: "No excluyo que en algunos casos pueda darse una forma de colaboración entre la autoridad eclesial y la magistratura; pero no tiene fundamento que un obispo, por ejemplo, sea obligado a ir a la magistratura civil para denunciar al sacerdote". Por eso ahora la cosa va a más, ya se espera que surja otro foco de pederastia aquí o allí; es sólo cuestión de tiempo. Así no es raro incluso que haya habido en Estados Unidos peticiones formales de procesamiento del Papa, por su actuación (ocultación) de casos en Texas y Kentucky. A tanto llega el nerviosismo, que un experto en derecho canónico del Vaticano (Di Giacomo) ha dicho: "La Iglesia no es una multinacional tabacalera. No se puede acusar al Santo Padre por delitos de algunos curas. Nosotros no somos sus empleados y él no puede ser responsable en cargos particulares. Cada obispo controla su diócesis". Y añadió: "Si la jurisprudencia norteamericana considera al Santo Padre responsable por unos curas que abusaron de niños en 1962, entonces el Tribunal Vaticano podría llamar a juicio a la Casa Blanca por el asesinato del arzobispo de San Salvador, Óscar Romero, asesinado en 1980 por su lucha en contra de la dictadura que EE UU impuso en aquel país. A ver si viene Obama a declarar aquí". Sin embargo, en 1980 Obama estudiaba ciencias políticas en la Universidad de Columbia (Nueva York). Así que lo dicho: hay mucho nerviosismo en la Santa Sede, y no, no es ésa la solución al problema…

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