viernes, 17 de diciembre de 2010

El "Efecto imitación"




            Desde antiguo se conoce que el hombre es un ser eminentemente social. Eso hace que, salvo unos pocos que eligen una vida esencialmente individual y aislada, el resto prefiramos vivir en sociedad. E interactuamos entre nosotros. Con ello, a la vez que influimos en otros, somos influidos por ellos. Hay un trasvase permanente de datos, de información y de costumbres o hábitos por muy diversas vías: la del trabajo, la de la educación, las relaciones familiares, las personales… Siempre escuchamos comentarios sobre por qué alguien hace algo o dice que hace algo, y también los emitimos. Constantemente. Sólo somos impermeables a las opiniones ajenas cuando están en franca oposición a lo que pensamos, pero eso ocurre muy pocas veces. Luego están los elementos grupales y mediáticos, creados de raíz para  influir en las personas, como la prensa, la moda, la publicidad en sus más variadas formas, los grupos de presión, religiosos o políticos –da  igual--, entre otros muchos. Unos y otros generan que sigamos y hasta que copiemos tal o cual comportamiento, sin darnos demasiada cuenta; desde comprarnos tal prenda deportiva o tal producto en el supermercado, a pasar un fin de semana en tal ciudad o ir a ver determinada película. Nada tiene de malo si la influencia que se recibe es fútil o bien inocua. Las consecuencias difícilmente podrán ser preocupantes. El problema surge cuando la influencia recibida lo es en asuntos no ya sólo mucho más importantes, sino incluso de una gravedad extrema. 

Muchos recordarán que hace algunos años teníamos en nuestro país lo que se denominaba “servicio militar obligatorio”. Su fin vino motivado tanto por el paso del tiempo como por la ocurrencia de sucesos gravísimos, como fueron los suicidios de no pocos reclutas. En 1990 en España se suicidaba un soldado cada quince días. Hasta el año 96 ésta fue la principal causa de muerte de jóvenes que realizaban el servicio militar. Los índices estaban entonces, según fuentes del Ministerio de Defensa, en torno al 50 por mil. Entre la población civil eran mucho menores, cercanos al 9 por mil (o sea, casi la sexta parte menos). Era la última etapa de una mili que cada año obligaba a 180.000 jóvenes a acudir a filas. Muchos la percibían como un obstáculo en su vida. Otros, como el soldado Redondo de Andújar, lo que quería era proseguir como soldado profesional, pero en 1994 no le dejaron las autoridades militares porque se le diagnosticó asma, y el chaval no lo superó, quitándose la vida. En definitiva, unos pocos, los menos fuertes, no lo superaban.

Sea por un motivo o por otro, lo llamativo de aquellos sucesos era que se publicitaban hasta la saciedad. Si cada 15 días moría un muchacho (o sea, unos 25 al año), generalmente disparándose su arma de fuego, teníamos telediarios abriendo con la noticia durante tres o cuatro días, y primeras páginas en los diarios durante otro tanto. Así hasta el siguiente muerto, y vuelta a empezar. La influencia de los medios era palpable. Cuanto más se pregonaba una noticia de éstas, más probable era que sucediera otra igual. Era un círculo vicioso. Casi nadie reparó expresamente en que la sobrecarga informativa sobre tal asunto daba lugar a nuevos sucesos del mismo tipo. O sea, a más suicidios de soldados. Dejó de haber suicidios de forma paulatina, cuando el tratamiento informativo fue bajando en intensidad y frecuencia, y esto a su vez por el mismo hartazgo de quienes accedían a los medios. De repente ya no había estímulos externos (informativos) favorecedores del suicidio en el servicio militar, y poco a poco desaparecieron. 

Hace unos meses los políticos del extinto Ministerio de Igualdad se percataron de que no pocas veces se mata por el “efecto imitación”, sin importar la dureza de la Ley de Violencia de Género. ¡Qué brillantez intelectual la suya…! Lo que la Criminología enseña desde hace 200 años, ellos lo redescubrieron prácticamente anteayer, aunque también hay que decir que al menos se han terminado dando cuenta. ¿Pero desde que lo saben han hecho algo? ¿Les han dicho, como fuera, a los medios de comunicación que no pongan el foco sobre este tipo de noticias…?  No, porque si lo hacen y les hicieran caso –sobre todo las televisiones- y la cifra de asesinatos baja, en cierta forma serían responsables de ese exceso de crímenes. No sé,  pero 20, 30 o incluso 40 muertes al año se podían haber evitado (la violencia “0” no existe ni existirá nunca). Ahora ya vamos por 70 a mediados de Diciembre de 2010. ¿Alguien va a hacer algo en este sentido, o es que, como se pierde audiencia en los medios, hay que mantener lo que tenemos aun a costa de más y más asesinatos?

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